lunes, 12 de enero de 2009

Los legionarios romanos, los engranajes perfectos de la maquinaria guerrera mas poderosa.

Ningún pueblo antiguo tomo la profesión militar con mas seriedad que los romanos. Hicieron la guerra desde las costas de Galilea hasta los lluviosos acantilados del norte de Inglaterra. La seguridad de su basto imperio, que abarcaba a 60 millones de habitantes, dependía de sus eficientes y poderosas fuerzas armadas, listas para entrar en acción en cualquier momento. El ejército romano, en el cenit del imperio, fue una devastadora y efectiva maquinaria de guerra nunca antes visto en el mundo. Su unidad básica era la legión, integrada por 6.000 hombres, casi todos ellos soldados de infantería. También comprendía entre 100 y 200 jinetes exploradores, portaestandartes y capotes de desertores. Pero los romanos no eran jinetes entusiastas. Cuando se veían obligados a reclutar regimientos de caballería, generalmente utilizaban ayudantes extranjeros, especialmente galos y tracianos. Estos también eran arqueros, honderos y lanzadores de jabalina. Pero el soldado romano arquetípico, el legionario, debía ser ciudadano romano, y los reclutas pasaban por un riguroso programa de selección antes de ser aceptados en las filas.
Los reclutas debían tener una estatura mínima de 1,70mts, y se les examinaba médicamente para asegurarse de que estaban sanos y de que su vista era buena. Un legionario se enrolaba durante 20 años. Era un compromiso importante. Pero todos eran voluntarios, que se alistaban por la paga, la gloria, la oportunidad de ver mundo, o de progresar. A través del ejército un joven campesino podía ascender al rango de centurión, con ochenta hombres bajo su mando. Pero ningún legionario de origen humilde podía aspirar a entrar a la clase de los oficiales. La clave para la promoción a los altos niveles era la educación, la riqueza y el rango: el compañerismo o “compadrazgo” sistemático, que operaba entre las familias de la nobleza. Al ser aceptado, el recluta era enviado al campo de entrenamiento, donde pasaba, bajo implacable disciplina, el resto de su servicio obligatorio. Los soldados marchaban en el campo todos los días bajo las roncas órdenes de un centurión que empuñaba un bastón, símbolo de su rango, e instrumento de castigo. Uno de estos centuriones se gano el apodo de “trae otro”, por la cantidad de báculos que rompió en las espaldas de sus soldados. En las maniobras, los soldados atacaban estacas de 1,80mts de alto, golpeándolas con los tachones de sus escudos y clavándoles las espadas. Los reclutas bisoños lo hacían con armas de práctica de doble peso. Con equipo completo encima los hombres debían correr, saltar, y librar caballos de madera. Durante el verano aprendían a nadar y realizaban marchas forzadas y simulacros de batallas, en preparación para los futuros combates. El equipo reglamentario de los soldados cambio con el tiempo; pero en el siglo I d.C. incluía un casco de hierro, armadura de anillas de hierro, o tiras de metal entrelazadas, un escudo de madera terciada, dos pesadas pilum o jabalinas, una daga, la característica espada corta, llamada gladius, y fuertes sandalias de cuero. Caminar sobre lodo era la rutina legionaria: los soldados debían marchar sobre desierto, montañas o bosques, a un ritmo de unos 30km diarios.
Los legionarios romanos no solo cargaban armaduras y armas, sino también canastas, pico, hacha, sierra, ollas de cocina, dos estacas de la empalizada que fortificaba su campamento, y suficiente grano para sobrevivir 15 días. Todo esto pesaba en total 40kg, casi el doble de lo que cargan los soldados modernos con equipo completo. En batalla, la firmeza de los legionarios era pasmosa. En el año 77d.C. el historiador judío Josefo comento: “su perfecta disciplina hace que los soldados se comporten como uno solo; tan compactas son sus filas, tan alertas sus movimientos, tan rápidos son sus oídos para escuchar ordenes, sus ojos para ver señales, sus manos para realizar labores.” La disciplina legionaria triunfo una y otra vez sobre los ataques de los implacables bárbaros. También eran impresionantes en los sitios. Para tomar las puertas de las ciudades, grupos de 27 legionarios se formaban en “testudos”, o formación de tortuga: hacían un grupo compacto y levantaban sus escudos para formar “caparazones” armados contra los proyectiles enemigos. También utilizaban torres móviles, rampas, escalinatas y gigantescas catapultas llamadas ballista, para arrojar rocas y dardos ardientes contra el enemigo. Las victorias se celebraban apropiadamente. Se estilaba realizar “triunfos” en Roma, celebraciones públicas para dar la bienvenida a los comandantes y sus tropas, con deslumbrante procesiones de carros alegóricos, portaestandartes, trompetas, desfiles de prisioneros y la ejecución ritual de los líderes enemigos en un lugar cerca del foro. El fracaso era visto con desprecio, y una unidad desobediente o cobarde, sufría la “decimación”: un soldados de cada 10 era golpeado por sus compañeros de armas hasta morir. Los deberes rutinarios de las legiones incluían patrullar las fronteras, escoltar, construir campamentos, puentes y caminos. Los legionarios pasaban gran parte de su tiempo en faenas dentro o alrededor de los fuertes, erigidos donde quiera que llegaran las legiones. Construidos con piedras, de acuerdo con diseños uniformes, los fuertes incluían barracas, cuartel general, graneros, letrinas, un hospital y arsenales. El emperador Adriano marco la frontera norte del imperio con una muralla de 129km que cruzaba la parte mas estrecha de Inglaterra, con 16 guarniciones instaladas a intervalos regulares. Esta asombrosa fortificación requirió de 764.000 mts cúbicos de piedra. Aquí y en otras partes, los asentamientos se desarrollaron cerca de los fuertes, con tiendas y tabernas donde los soldados jugaban a los dados y gastaban sus sueldos en mujeres y bebidas. Pero no todo era libertinaje, pues también descansaban en baños calientes de vapor y escribiendo cartas a casa. Los legionarios no tenían permitido casarse, pero muchos iniciaron familias no oficiales con las mujeres del lugar, difundiendo así el estilo de vida romano y la lengua latina.